Otra vez me quedé muda. ¿Karting? ¿Entrenar? ¿Qué estaba sucediendo? Estuve a punto de decir no, gracias. Pero vi la sonrisa sincera del abuelo, los ojos chispeantes, las manos movedizas y no me animé a decirle que nada me interesaba menos en el mundo que manejar un karting.
